viernes, 7 de diciembre de 2012

Días de reflexión (3)

Nunca he tenido lo que se conoce como una "cita". Por supuesto, he conocido mujeres. Alguna relación esporádica. Un romance lejano con una mujer a la que acabé desquiciando y con la que acabé esquiciado. Polvos de medio pelo en los baños del centro comercial durante la adolescencia...

Pero jamás se ma habría ocurrido pedirle a una chica quedar los dos solos en un sitio determinado a una hora fijada. Lo cierto es que no tengo ni puta idea del protocolo que hay que seguir en estos casos. Y, sinceramente, aun no se si voy a asistir. ¿Quien cojones me manda ponerme en esta situación? Yo me dedico a escribir y a dejar a la gente en paz. Y, por norma general, me gusta que el resto de la gente haga lo mismo conmigo. Si no de manera premeditada, si por respeto a mis hábitos y a mis costumbres más propias de un autista que de un joven normal y corriente. Los que dicen que me concen saben que cuando estan a solas conmigo no van a pasar un buen rato. Y yo lo entiendo bastante bien, la verdad.

Pero ella me descoloca por completo. La conocí hace dos meses y ya ha logrado joderme una rutina que tardé años en conseguir. Después de aquel infausto primer encuentro a las puertas de mi casa, cumplió su promesa y volvió.

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